titeroterapia

Por Alejandro Jara Villaseñor | Títeres Tiripitipis (tiripitipis@gmail.com)

Desde hace cuarenta años, motivado por los maestros Guillermo Villegas y Consuelo Deschamps, de Estética Mexicana de Vanguardia, AC, iniciamos una investigación sobre la utilización del títere como recurso terapéutico, que siempre, y sorprendentemente, nos enfrenta a nuevos retos y nos abre a otras posibilidades.

Basado en el trabajo secular de los chamanes, quienes en diferentes tiempos y culturas han animado muñecos como elementos aliados en su labor de sanación, nos dimos desde entonces a la tarea de ir poco a poco estudiando y desarrollando la titeroterapia, dentro de nuestras posibilidades e itinerancias titiriteras.

Crear un muñeco es una experiencia altamente positiva en el proceso de sanación individual.

Durante este trayecto hemos ido recabando testimonios de cómo, a través de funciones y talleres presenciales, muchas personas con alguna problemática física, psíquica o espiritual logran establecer una estrecha relación con los títeres, sobre todo si son ellos mismos quienes los realizan.

Crear un muñeco moviliza lo interno para plasmarlo en lo externo, darle vida e interrelacionarse con los demás, es una experiencia altamente positiva en el proceso de sanación individual.

Evidentemente, como facilitadores, acompañantes y testigos de este proceso, tenemos un gran desafío que implica estar muy alertas, por si aparece algún demonio interno. Si esto pasa, nos damos a la tarea comprensiva de acogerlo e integrarlo a la compleja naturaleza que tenemos con los seres humanos con quienes trabajamos.

Nuestra labor, generalmente ad honórem, ha sido desarrollada desde el principio y hasta hace unos meses en clínicas psiquiátricas, internados y en centros de atención especial. Sin embargo, los acontecimientos recientes nos han obligado a replantearnos cómo proseguir con esta labor, sobre todo con el aumento de casos de personas que por la pandemia necesitan una ayuda especializada para salir adelante.

El taller virtual: cambiar planes y adaptarse a la nueva realidad

Afortunadamente, el Centro Cultural Futurama, perteneciente a la Alcaldía Gustavo A. Madero, de la ciudad de México, convocó y becó hace varios meses a una serie de trabajadores culturales de la zona para impartir talleres de forma presencial y gratuita. Todo iba bien, pero llegó el bicho y nos obligó a cambiar planes y adaptarnos a la nueva realidad.

Es así que la propuesta primigenia de nuestro taller Creación de grupos titiriteros comunitarios se convirtió entonces en un taller virtual denominado Títeres elementales como apoyo emocional en la familia.

Abrimos la invitación para personas interesadas sin importar la edad, profesión ni el lugar de residencia. A la fecha hemos tenido participantes de 5 a 74 años, residentes en nueve países latinoamericanos, y varios son núcleos familiares.

Los inicios de esta experiencia fueron emocionantes, pero muy estresantes. No teníamos las suficientes herramientas cibernéticas ni pedagógicas para hacer talleres de forma virtual; sin embargo, nos animaba el seguir adelante y asumir el reto.

Comenzamos precariamente con un teléfono “inteligente”, una señal de internet prestada por generosos vecinos y un foro improvisado en la sala de la casa para grabar. Así trabajamos los primeros meses.

Los resultados fueron fructíferos. Pese a los problemas técnicos, la gente lo agradecía y se apuntaba para el siguiente taller. Sin embargo, en la autoevaluación que hicimos con los participantes, varios sugerían mejorar las condiciones técnicas, y tenían razón.

Haciendo malabares económicos, pudimos adquirir una lap top y un servicio de internet adecuado para los siguientes talleres. No obstante, tuvimos que impartir antes un taller dentro de un cibercafé público, con una careta plástica, y después en el mismo Centro Cultural, que a la semana siguiente fue cerrado por contagios…

Cada vez profundizamos más en el uso del títere como apoyo emocional y hemos podido compartir experiencias y textos con otras personas de Latinoamérica.

En la actualidad tenemos dos grupos: los estudiantes nuevos y los estudiantes antiguos, que son reincidentes del primer taller. Asisten varios niños, generalmente con alguno de sus papás. También hay dos personas con condición de esquizofrenia. Tenemos estudiantes y profesionales de varias carreras, una de ellas con un doctorado en educación, y afortunadamente participan varias psicólogas y compañeros teatreros y titiriteros.

Cada vez profundizamos más en el uso del títere como apoyo emocional, con uno mismo y con los demás. Hemos podido compartir experiencias y textos con otras personas de Latinoamérica, y en ocasiones nuestras reuniones virtuales, además de ser catárticas, terminan en un fin de fiesta.

Proponemos ejercicios de exploración personal y revisión propia de la dinámica del taller, para realizar durante la semana, que incluyen: 1) ver videos titiriteros del mundo, 2) investigar sobre temas especiales y, sobre todo, 3) hacer títeres con materiales elementales, además de escenografías y breves obras donde ellos mismos vayan aflorando lo que sucede al interior de su mente, de su psique, para irlo reconociendo y resignificando.

También compartimos información en el WhatsApp que tenemos para cada grupo. Ahí los participantes nos muestran sus avances titiriteros, a través de fotografías, videos y comentarios.

Finalmente, creo que hemos podido adaptarnos un poco y con resiliencia a las nuevas condiciones. Los participantes así lo sienten y lo manifiestan. Cito como ejemplo a Jacob, un alumno de nueve años de Tlaxcala, quien compartió en un audio su evaluación final del taller que culminó en agosto pasado:

Hola maestro, soy Jacob. Quiero decir que este taller me gustó mucho. Cada que manejaba mis títeres me sentía tan feliz y profesional como usted, y se me olvidó lo de la pandemia. También me mantuve muy entretenido, feliz, creando a los títeres con mis papás. Desde antes tenía muchas ganas de tomar un taller de títeres, pero por la escuela no podía y por fin lo logré. Mi sueño es que algún día uno de mis títeres esté exhibido en el Museo Rosete Aranda. Gracias maestro, aprendí muchísimo.

Agradezco las aportaciones de Milagros Arroyo Dávila (Perú), Iraida Valero (Venezuela) y Daniela Jara (Uruguay), entre otras personas.

Alejandro Jara Villaseñor es titiritero desde 1977. Ha participado con su grupo Tiripitipis en foros de 17 países de América y en Francia. Cofundador de los Festivales de Títeres de Tlaxcala, México y de Aragua, Venezuela, así como del Museo Nacional del Títere de Huamantla, donde recibió la Presea Rosete Aranda en el año 2000. Actualmente es colaborador del Centro Cultural Futurama.

Contrataciones y contacto: tiripitipis@gmail.com  

3 thoughts on “Titeroterapia virtual en tiempos de cuarentena”

  1. Agradezco profundamente a Laura, Karla y Tatiana, magas editoras de esta sui-géneris Revista, el haber publicado nuestro artículo, justo en el Día Mundial de la Salud Mental.
    Curiosas coincidencias de las que está formada la Vida.
    Enhorabuena

  2. ¡Maravillosa iniciativa! Soy madre de un niño con autismo no verbal y me encantaría participar en el programa a ver si él se anima también. Porque, para captar su atención y hacer que suelte algunas palabras, yo me pongo una media en la mano y le hablo. El pone el brazo para que el títere lo muerda y se divierte mucho.

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