viejo

Sin duda en 2020 el mundo ha dado un giro de ciento ochenta grados que alteró las vidas de casi todos. Pero ¿cómo cambiaron las vidas de las personas mayores en estos meses?

A pesar de que en nuestra sociedad prevalece una mirada negativa que denigra e infantiliza la vejez, durante los últimos años las personas mayores han reclamado un espacio en el mundo que ellos ayudaron a construir. Desde muchos espacios diferentes, se ha hecho visible una nueva forma de vivir la vejez de forma sana, activa y diversa.

Cada día más, las mujeres y hombres mayores nos muestran que la vejez y la felicidad no están escindidas. Hasta hace unos meses, personas de sesenta y ochenta y tantos andaban por las calles, de un lado a otro; iban del desayuno con los amigos a la reunión para tomar café, al trabajo o visitaban el centro comercial en miércoles por la mañana.

Mi dentista ronda los setenta y tantos años. Esto lo sé, porque la conozco desde que tenía ocho meses de nacida y nunca he dejado de visitarla. Desde que tengo memoria ya era una señora grande y con hijos mayores, pero es tan jovial, ágil y su pulso es tan perfecto, que los nuevos pacientes nunca adivinan su edad. Para mí ella es como una tía con la que me mantengo al día en nuestro encuentro semestral, en el que siempre me cuenta sobre sus proyectos y planes, además de recordarme la importancia del hilo dental.

Mi psicoterapeuta debe tener una edad parecida y debo decir que siempre que la he visto luce hermosa, refinada y colorida. Siempre está al día de las novedades de la política y la cultura, y está más inserta en el mundo de lo que yo lo estoy en la cuarta década de mi vida.

Así como ellas dos, tengo ejemplos de sobra. En mi mundo existen sinfín de personas mayores creadoras y dinámicas, ocupadas en vivir lo que en la literatura sobre vejez se llama envejecimiento activo y saludable.

Son personas que ejercen a plenitud su derecho a la independencia y autonomía y que hasta hace unos meses tomaban sus decisiones con total soberanía, que se olvidaban de la categoría “viejos”, porque, efectivamente, no las define.

Además, francamente, ¿qué significa ser viejo? Para las personas mayores saludables, atléticas y activas, esta categoría no representaba mucho, hasta que apareció un riesgo real, encarnado en un virus que hace vulnerables a los que antes no se consideraban así.

La realidad se impone y la salud tiene que ponerse por encima de todo. Personajes como Grace y Frankie o Sandy Kominsky se vuelven obsoletos porque los viejos felices, vivaces, enamorados y divertidos de cualquier manera deben quedarse en casa. Porque al final su actitud y aparente condición saludable podrían no ser suficientes para combatir el virus, que en cualquiera puede complicarse, pero estadísticamente incrementa su riesgo gradualmente en proporción a la edad.

Por suerte, en México no quisieron encerrar a los viejos por la fuerza, como en otros países, como Argentina, en donde se instauró una prisión selectiva para las personas de setenta años y más, quienes tenían que pedir permiso para salir de casa, incluso cuando muchos son perfectamente independientes, autónomos y productivos.

De cualquier manera, sus vidas cambiaron igual que la de todos, pero, además, con una tácita de instrucción a los jóvenes de no acercarse a ellos para protegerlos. Esto ha sido un reto para los jóvenes que siguen necesitando de estas relaciones intergeneracionales que proveen cuidado infantil, enseñanzas y compañía, pero también ha sido una situación inesperada para las personas de mayor edad.

Sin duda han sido tiempos complicados, caracterizados en muchas personas mayores por el autoencierro voluntario y el abandono (por lo menos físico) familiar, pues sus seres queridos, buscando protegerlos, los han dejado de visitar, abrazar y besar.

Aquí el gobierno solicitó a las familias que apoyaran a sus viejitos, haciendo sus pagos y compras para que no tengan que exponerse. Sin embargo, con el paso de las semanas, las personas mayores han empezado a retomar los espacios de la nueva normalidad, con conciencia y autocuidado en el exterior, mientras que sustituyen lo de afuera con lo de adentro, apropiándose del WhatsApp, el Facebook, el Skype y el Zoom, además de mantenerse activos con labores que habían abandonado como la cocina, el hogar y la lectura.

Ser viejo en 2020 tiene sus retos, pero este año nos ha enseñado mucho y nos ha mostrado que la resiliencia, el humor y la alegría de los mayores no dejan de estar presentes, y su vivacidad y simpatía relucen en estos momentos que constantemente aparecen sombríos.

2 thoughts on “Ser viejo en 2020”

  1. El tema me parece muy interesante y el artículo muy bien escrito, y relata perfectamente lo que está ocurriendo en la actualidad a raíz de la pandemia que estamos viviendo. Efectivamente muchos adultos mayores estamos interesados en mantenernos activos y actualizados tecnológicamente.

    Felicidades a la autora!!

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